En el marco del ciclo de “charlas sobre tecnología para estudiantes de secundaria” impulsadas por el Ministerio de Educación de Santa Fe y el apoyo de la Iniciativa Program.AR de la Fundación Sadosky y CAF (el banco de desarrollo de América Latina y Caribe), se realizó un encuentro con estudiantes de la escuela media de la región que propuso reflexionar sobre el rol de la supercomputación, la educación tecnológica y los desafíos sociales y éticos del desarrollo digital contemporáneo.
A lo largo de la jornada, Nicolás Wolovick —especialista en Computación de Alto desempeño y docente universitario de la UNC— compartió experiencias concretas y abrió el debate sobre el uso de la tecnología.
En la primera parte del encuentro, se explicó qué es una supercomputadora y cómo funciona: no como una única máquina “más potente”, sino como un conjunto de computadoras trabajando en paralelo para resolver problemas complejos. Este tipo de infraestructura resulta clave para la investigación científica, las simulaciones físicas, el desarrollo de nuevos materiales y medicamentos, y también para el funcionamiento de servicios estratégicos del Estado.
Uno de los ejes centrales fue la sostenibilidad tecnológica. Desde su experiencia en centros de supercómputo, Nicolás subrayó que el mayor impacto ambiental de las computadoras no está en su uso cotidiano, sino en su fabricación. Por ese motivo, insistió en la necesidad de extender al máximo la vida útil de los equipos, evitando el descarte prematuro. En ese sentido, se destacó el valor de la reutilización de piezas y del trabajo en red entre instituciones. Iniciativas como el llamado “switch itinerante” muestran cómo equipamiento que deja de usarse en un lugar puede resultar fundamental en otro, siempre que exista organización, cooperación y conocimiento compartido. Esta lógica, aplicada tanto a la educación como al supercómputo, permite optimizar recursos y reducir el impacto ambiental del descarte tecnológico.
La charla avanzó luego hacia una reflexión más amplia sobre los avances tecnológicos globales y, en particular, sobre la inteligencia artificial. Si bien se reconoció su enorme potencia, también se plantearon tensiones éticas, educativas y sociales.
El tramo final del encuentro estuvo dedicado a la ciudadanía digital y la ciberhigiene. Se abordaron problemáticas vinculadas al uso intensivo de celulares, redes sociales y plataformas digitales, poniendo el foco en la economía de la atención, la privacidad y la exposición permanente. Frente a este escenario, se destacó la importancia de desarrollar una mirada crítica, aprender a cuidar los datos personales y comprender cómo funcionan las tecnologías que se utilizan a diario.
Como cierre, Nicolás dejó un mensaje claro para estudiantes y docentes: aprender tecnología implica animarse a abrir, desarmar y cuestionar las “cajas negras”. Romper para aprender, usar software libre, explorar herramientas de inspección y entender cómo están construidos los sistemas digitales son pasos fundamentales para formar usuarios críticos, creativos y comprometidos con su entorno.
Estas charlas forman parte del trabajo que ProgramAR desarrolla en todo el país para promover una educación tecnológica con sentido, que no solo forme en habilidades técnicas, sino que también habilite preguntas sobre el impacto social, ambiental y político de la tecnología en nuestras vidas.