Misión

La Iniciativa Program.AR de la Fundación Sadosky trabaja desde el año 2013 en promover la inclusión de las Ciencias de la Computación a la escuela argentina.

Asesoramiento

A gobiernos y organismos públicos en el diseño de normativas, adaptaciones curriculares y trayectos de formación.

Capacitación

Diseño y realización de formaciones docentes (continuas e iniciales) en Didáctica de las Ciencias de la Computación.

Material Didáctico

Desarrollo de materiales didácticos y plataformas digitales para la enseñanza de las Ciencias de la Computación.

Investigación

Investigaciones científicas sobre distintos aspectos de la enseñanza de las Ciencias de la Computación en la Escuela.

Abordamos nuestra tarea en colaboración con instituciones académicas con trayectoria y experticia en el área disciplinar o educativa. A lo largo de los años hemos tejido una red hoy constituida por más de 40 universidades públicas de todo el país lo cual le da a nuestro programa un carácter federal.

En pos de asegurar la calidad de nuestras acciones hemos realizado evaluaciones externas de nuestros programas

La cuestión de género es un tema central a la hora de desarrollar los materiales didácticos y diseñar las estrategias de intervención ya que los estudios científicos afirman que “las representaciones que alejan a las mujeres de la informática se hallan en buena medida estabilizadas en la adolescencia tanto en varones como en mujeres”.

Ciencias de la Computación es el nombre que recibe la disciplina que se ocupa de los saberes que coloquialmente se denominan “Informática”. Sin ser exhaustivos podemos mencionar aquí los más relevantes:

• Los necesarios para poder formular soluciones efectivas y sistemáticas a diversos tipos de problemas. Por ejemplo, el funcionamiento de un GPS requiere responder a la pregunta: ¿cuál camino debe sugerir a un usuario, entre todos los posibles, en un momento determinado y teniendo en cuenta las condiciones de tránsito?

• La programación, es decir, los conocimientos necesarios para poder volcar soluciones algorítmicas a los diversos lenguajes que utilizan las computadoras. Muchas veces, y en particular cuando se habla de "llevar la programación a la escuela", se engloba a la algoritmia dentro de la programación.

• Las arquitecturas de computadoras: el entendimiento de los componentes de los distintos tipos de computadoras, las relaciones entre ellos y sus modos de organización.

• Las redes de computadoras: la forma en que las computadoras intercambian información permitiendo el funcionamiento de Internet y todas las aplicaciones que funcionan gracias a Internet, como la web, la mensajería instantánea, los juegos en línea, las transmisiones de audio y video, etc.

• La inteligencia artificial: combina varias de las áreas previamente mencionadas para abordar problemas muy complejos mediante mecanismos que tienen puntos en común con la cognición humana. Incluye temas como aprendizaje automático, síntesis de información, reconocimiento de voz y de imágenes, etc.

Si bien no hay una definición única de Pensamiento Computacional, diversos autores hacen referencia a esta expresión al referirse a formas de pensar utilizadas por los programadores en su labor cotidiana. Retoman la propuesta original de Wing (2006) entendiendo que todos y todas necesitaremos tener conocimientos mínimos respecto de cómo funcionan las computadoras (por ejemplo, los trade-offs entre tiempo y espacio o entre energía y almacenamiento) ya que la mayoría de los empleos requieren de algún tipo de forma de programación de computadoras o de interacción con sistemas digitales.


Otros autores hacen referencia a la capacidad de descomponer un problema en subproblemas, la capacidad de abstracción, la generalización o del reconocimiento de patrones -saberes que los computólogos desarrollan a lo largo de su formación- pueden ser trasladadas a otros ámbitos de la vida y ser útiles en otros contextos. Según esta visión se trata de incorporar un conjunto de habilidades intelectuales útiles también para la “vida analógica”.
Finalmente algunos autores definen el Pensamiento Computacional como las habilidades cognitivas que son adquiridas al aprender a programar. Se refieren a un pensamiento de alto orden y de desarrollo de funciones intelectuales (como la inteligencia fluida y la capacidad de planificación), y su adquisición se vería favorecida por las habilidades computacionales. Este aspecto es interesante porque no cualquier enseñanza de la algorítmica y de la programación favorece este desarrollo cognitivo sino se profundiza en la temática y se abordan problemas de cierto nivel de complejidad.
Nuestra postura es que el pensamiento computacional no es ni más ni menos que otro nombre para la enseñanza escolar de las Ciencias de la Computación, es decir, una disciplina específica y no competencias generales ni metaoperaciones cognitivas. Sin embargo, creemos que a esta altura del debate es un término que conviene ir posponiendo en busca de otros más específicos.

Preferimos referirnos a Ciencias de la Computación, Informática o Computación porque hacen referencia a un área del conocimiento perfectamente delimitada y  reconocida con prácticas definidas.

Por ejemplo, en la escuela enseñamos Matemática y no Pensamiento Matemático,  Literatura y no Pensamiento Literario. De la misma manera, deberíamos enseñar Computación y no  Pensamiento Computacional. 

Un problema computacional es una situación problemática, es decir,  la formulación de un  objetivo a lograr cuya consecución no es obvia y, por lo tanto, requiere de un proceso de pensamiento  para elaborar un plan efectivo, donde los elementos a manipular son abstracciones descritas a través  de un modelo computacional. Dicho de otra forma, donde los elementos a trabajar se describen en  términos de lo que puede hacer con ellos una computadora.

 

No cualquier tipo de problema es un problema computacional. Los humanos tenemos la capacidad  de realizar tareas complejas mediante instrucciones imprecisas que desambiguamos por contexto. Hay momentos en los cuales para procesar grandes volúmenes de información recurrimos a las  computadoras porque ofrecen los beneficios ya conocidos (automatización, velocidad de transmisión,  facilidad para la visualización, etc.) y solo requieren que las personas tomen decisiones sobre cómo  representar esa información y formular instrucciones muy precisas sobre cómo se la debe procesar.

Actualmente la robótica cobra relevancia porque está presente en cada vez más áreas de la vida cotidiana y, por ende, adherimos a la idea de  incluir la comprensión de su funcionamiento como un objetivo educativo. 

 

Dentro del ámbito escolar la robótica educativa es el área donde se utilizan robots para reforzar aprendizajes de diversas disciplinas, por ejemplo, para calcular ángulos de giro en matemática, temas de física en el  manejo de sensores, entre otros. 

 

El entendimiento de tales programas no escapa al logrado cubriendo los temas de programación,  inteligencia artificial y otras áreas de la disciplina informática. Es decir, teniendo conocimientos de Computación es posible comprender la forma en que funcionan los robots, aún sin una formación  específica en robótica. Dicho de otro modo, los profesionales de la informática comprenden cómo funcionan los robots sin necesidad de haberlos estudiado específicamente porque se trata de un  caso particular dentro de una disciplina más general. Estas apreciaciones deben entenderse, no en desmedro de la inclusión de la robótica en la escuela, sino en el marco de las tensiones siempre existentes por la asignación del escaso tiempo escolar. El uso de robots para el aprendizaje de otros temas (es decir, la robótica educativa) ha mostrado ser efectivo para iniciar el aprendizaje de la programación ya que son  elementos altamente motivadores. Por eso, valoramos su inclusión como un medio más que como un fin.

Consumimos buena parte de nuestro tiempo en el uso de dispositivos a través de los cuales nos apoyamos para desenvolvernos en nuestra vida cotidiana; pero no es razonable que lo hagamos sin que podamos comprender mínimamente cómo funcionan. No podemos decir que gozamos de una escolaridad que nos permite decodificar el mundo en el que vivimos si un fenómeno que está tan presente en él y que cada vez media una cuota más importante de nuestras interacciones se nos presenta como una caja negra.


Aprender cómo funciona la tecnología implica poder disfrutar del derecho de participar y opinar sobre los debates de nuestra época. Los parlamentos del mundo, incluso el nuestro, discuten la regulación de la inteligencia artificial, la neutralidad de la red y el voto electrónico. Comprender cómo funcionan las computadoras y el software es un requisito para gozar de una ciudadanía plena, sin esa formación somos meros espectadores de una película que está en otro idioma. Nos quedamos afuera del debate público; no contamos con herramientas para formar una opinión y somos presas de las opiniones de otros; de unos otros que algunas veces son expertos, y muchas otras simplemente se postulan como tales.


En un mundo donde las disputas geopolíticas se dirimen mediante espionaje electrónico, prohibiciones de las empresas de tecnología foránea en las principales potencias mundiales, y manipulaciones diversas alrededor de los datos, no es posible concebir un país soberano si no se aspira también a la soberanía tecnológica. La soberanía tecnológica requiere la construcción de consensos sociales en base a los usos de la tecnología, en conocimiento de sus peligros y potenciales, y en la generación de un ecosistema profesional que pueda evaluar críticamente la tecnología y las oportunidades tecnológicas a fin de neutralizar las amenazas y concretar las potencialidades. Esto a su vez requiere un conocimiento de la tecnología por parte de toda la población, para poder opinar, pero también para poder actuar. Entonces no sólo se necesitan más tecnólogos y tecnólogas, sino que para abordar esta situación nuestro país necesita abogados, contadores, administradores de empresas, profesionales de todo tipo y también ciudadanos y ciudadanas no profesionales que comprendan la tecnología.


En términos de desarrollo estratégico nacional, debemos tener en cuenta que la facturación de las principales empresas tecnológicas es varias veces multimillonaria, y en constante demanda de profesionales. El software forma parte central de las cadenas de valor del grueso de la producción mundial, desde los elementos puramente tecnológicos hasta los productos más tradicionales, como los alimentos. La industria tecnológica representa un sector económico en pleno impulso, con demanda de profesionales calificados e inmejorables oportunidades de desarrollo profesional y creativo.

Entendemos a la tecnología educativa (TIC) como el uso de programas informáticos desarrollados con fines didácticos, es decir, para fortalecer propuestas pedagógicas de campos disciplinares tradicionales. La tecnología educativa utiliza la computadora como una herramienta para mejorar aprendizajes de diversas asignaturas, pero no la toma como objeto de estudio.

 

Bajo el nombre de “informática” o “computación” se dictan programas orientados al uso de computadoras y no a la comprensión del funcionamiento de esa tecnología.

No existen casos documentados hoy en día en la literatura internacional sobre la didáctica de las Ciencias de la Computación que permitan dar cuenta de un abordaje transversal y exitoso de los diversos conceptos, saberes, prácticas y habilidades que abarcan a las Ciencias de la Computación. Incluso, en un reciente informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por su escritura internacional) en conjunto con el comité especializado en la enseñanza de computación afirma que: “La integración de Ciencias de la Computación en otras asignaturas no fue efectivo” (UNESCO, 2019).


Debemos separar la información con la que se cuenta por nivel educativo. El consenso internacional sobre los conceptos para trabajar en nivel inicial, así como los Núcleos de Aprendizaje Prioritarios (NAP) para dicho nivel, establecidos por la resolución 343/18 del Consejo Federal de Educación, permite pensar en que estos sean abordados dentro de la enseñanza general, sin necesidad de espacios específicos ni docentes especializados (aunque sí es necesario que el cuerpo docente de nivel inicial sea formado en la temática). Lo mismo puede decirse del primer ciclo de primaria. Debemos notar que estamos hablando de una enseñanza sin un espacio específico en el currículum, lo que no necesariamente significa que tenga que ser transversal a otras áreas del conocimiento.


A partir del segundo ciclo de primaria el escenario se complejiza. Si pensamos en los temas para trabajar con estudiantes (que vienen transitando una formación en Ciencias de la Computación desde temprana edad) el peso de la especificidad temática aumenta y su importancia gana terreno, acercándonos a un escenario similar a lo que sucede en secundaria.
Consideramos pertinente avanzar hacia incorporaciones de las ciencias de la computación en la escuela que transiten por el sendero del espacio curricular específico ya que, como detallamos anteriormente, las implementaciones transversales no resultan aconsejables para esta disciplina.

Nuestras Alianzas